ALTERNATIVAS

Miguel Ángel Rodríguez E.

Miguel Angel Rodriguez Echeverria

Hoy celebramos 193 años de vida independiente. Es una efemérides que deberemos festejar con enorme alegría y amor patrio, y que debe servirnos para aprender de la conducta de los padres y los abuelos de nuestros tatarabuelos, para también nosotros independizarnos del miedo, de los prejuicios y de las envidias.

Es increíble lo realizado en aquellas aisladas y pobres aldeas de la Costa Rica de 1821.

Habitarían ésta olvidada provincia del Imperio Español unos 60.000 habitantes. Tal vez llegaría a un poco más del 5% quienes sabían leer y escribir. La mayor parte campesinos con algunas tierras y pocos ingresos, otros comerciantes, artesanos empleados de la corona o miembros de la Iglesia en las “ciudades”, pero todos pobres.

A ellos llegó el 13 de octubre, 28 días después de proclamada, noticia de la independencia de Guatemala. Venía acompañada del acta de León Nicaragua, llamada de “los nublados del día,” que la ponía en duda y llamaba a aguardar para definir que ruta tomar. En el corto período de 16 días se emitió el 29 de octubre -por parte del Cabildo reunido en Cartago- el acta que proclamaba nuestra independencia de España, y se convocó de conformidad con la Constitución de Cádiz a una Junta de Legados de los Pueblos. Ya para el primero de diciembre de ese año de 1821 se emitió nuestra primera constitución. Muy apropiadamente conocemos esa constitución como Pacto de Concordia, y con gran humildad y razón los antepasados la llamaron Pacto Fundamental Interino de Costa Rica.

Comparémonos con nuestros antepasados pobres, analfabetos, aislados y carentes de los más elementales servicios de higiene y salud. Ellos reciben noticias contradictorias que cambian radicalmente su forma de vivir durante tres siglos, y sin embargo logran en 48 días decidir el camino a seguir y organizan su sociedad.

Hoy no seríamos capaces de semejantes proezas, a pesar de ser comparados con ellos, una población inmensamente rica, educada, longeva, conectada con el mundo y poseedores de poderosísimas tecnologías.

¿Cómo prepararnos entonces para ser dignos de esos ancestros al llegar al bicentenario de la independencia?

Lo primero es librarnos de los miedos, prejuicios y envidias que nos impiden ponernos de acuerdo, tener una visión de futuro compartida y adoptar las soluciones que, de conformidad con los conocimientos de nuestros días, son mejores para alcanzar el bien común.

Todos queremos disminuir la pobreza y la desigualdad, contar con mejores servicios públicos e infraestructura, y que en paz y seguridad nuestros hijos y nietos puedan tener una vida mejor a la nuestra y en armonía con la naturaleza.

También sabemos cuáles son los problemas que tenemos que vencer para alcanzar esas metas.

Las soluciones no las dictan los egoísmos, la ignorancia y los prejuicios. Las soluciones surgen de aplicar el conocimiento y la técnica del siglo XXI que surgen de la experiencia histórica y del pensamiento científico. Y así como los problemas y los objetivos, las soluciones también son conocidas.

Tenemos un Presidente con un mandato popular inmejorable. Con su liderato podríamos llegar al 15 de setiembre de 2021 orgullosos de nuestros antepasados y también satisfechos por nuestras realizaciones.

Debemos ser convocados a la acción.


Fecha de publicación: 15-Set-2014

Fuente: diarioextra.com


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