Disyuntivas

Dr. Miguel Angel Rodr?guez Echeverr?a

Un largo peregrinar de la civilizaci?n occidental construy? la democracia liberal.

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Democracia porque el gobierno est? basado en la discusi?n inteligente, la regla de la mayor?a y el cambio pac?fico de autoridades por medio de elecciones libres. Liberal porque las personas son libres de actuar dentro de la ley y el gobierno est? limitado por las reglas del estado de derecho: divisi?n de poderes, asignaci?n de competencias, control judicial de la administraci?n y legislativo de la pol?tica, el debido proceso, respeto a los derechos humanos, vigencia de las libertades p?blicas, la libre contrataci?n y la propiedad.

Desde finales del siglo XX venimos viviendo, con creciente virulencia, los ataques a la democracia liberal que surgen de los populismos. Los populismos atentan contra el estado liberal aunque guarden la apariencia de la democracia. Forman una ?democracia populista?.

Conocemos este peligro y sobre ?l mucho hemos discutido y mucho hemos experimentado: el chavismo y los socialismos del siglo XXI, Brexit, Trump, los populismos de Polonia, la Rep?blica, Checa y Hungr?a y el surgimiento de partidos populistas en casi toda Europa y en la misma Costa Rica.

Ahora me ha llamado la atenci?n un peligro en la direcci?n contraria, que no atenta contra el liberalismo sino contra la democracia como forma de expresi?n de la mayor?a. Se atribuye el poder a elites, y se limita el poder de las mayor?as, conformando un ?liberalismo elitista?.

Claro que el estado de derecho al limitar al gobierno y consagrar la libertad de todos sin discriminaci?n, constituye una barrera a la arbitrariedad de la mayor?a para que la democracia no degenere en demagogia. Democracia liberal no es la expresi?n de los caprichos de la mayor?a, exige equilibrio entre el poder de esa mayor?a y los derechos de todas las personas y de las minor?as.

Ciertamente muchas de las limitaciones a los gobernantes directamente electos que les impiden establecer y ejecutar las pol?ticas que desear?an mayor?as circunstanciales, son indispensables para evitar que las mayor?as opriman y discriminen a las minor?as. Son la raz?n de ser que la democracia queramos que sea liberal.

Pero la cr?tica al ?liberalismo elitista? va m?s all?. Recientemente el economista de Harvard Dani Rodrik ha se?alado que la ?democracia liberal est? tambi?n siendo minada por una tendencia a enfatizar ?liberal? a costas de ?democracia??.

Rodrik se?ala que las autoridades en esos sistemas de liberalismo elitista est?n aisladas de su responsabilidad ante el electorado, de manera que se limitan las pol?ticas que pueden ejecutar pues estas son impuestas por entes burocr?ticos, por reguladores aut?nomos, por tribunales independientes y por instituciones y convenios internacionales.

Rodrik presenta la tensi?n de la democracia liberal entre estas dos desviaciones de ?democracia populista? y de ?liberalismo elitista? como la confrontaci?n entre los intereses de las mayor?as y de las elites, prevaleciendo los del pueblo en la primera desviaci?n, y los intereses de las elites en la segunda.

El tema no es tan sencillo.

Por una parte es f?cil enga?ar al pueblo aparentando defender sus intereses con un l?der populista que los conduce al caos: la democracia populista no representa los verdaderos intereses de la mayor?a.

Por otra parte hay decisiones t?cnicas de enorme importancia para los intereses de la mayor?a como el control de la inflaci?n, que requieren delegar autoridad en entes t?cnicos. As?, hay limitaciones a la voluntad de las mayor?as que evidentemente no representan un inter?s elitista contrario al bien del pueblo.

En EE.UU. y en Europa la cr?tica a la falta de democracia del estado liberal actual proviene en mucho de la oposici?n a las competencias t?cnicas conferidas a los bancos centrales, a organismos regulatorios protectores del ambiente, a las atribuciones de los organismos internacionales y a las limitaciones al actuar de los gobiernos nacionales que se determinan en los acuerdos comerciales. Se les achaca a ?lites y tecn?cratas que en la conducci?n de esas entidades son indiferentes a las necesidades de la mayor?a de ciudadanos de clase media y de menores recursos.

Entre nosotros el repudio a los partidos tradicionales refleja, al menos en parte, el disgusto de los electores a la respuesta de los gobiernos a sus preocupaciones y deseos. Y, ?no ser? el traspaso de competencias hacia entes sin responsabilidad directa con el electorado, la causa de esa falta de respuesta de las autoridades electas? ?Cu?ndo son v?lidas esas limitaciones? Es necesario limitar a la mayor?a para que no oprima los derechos fundamentales de las personas que derivan de su libertad y de su dignidad, pero, ?hasta adonde se debe llegar?

Le pasamos la conducci?n de la pol?tica monetaria al banco central buscando eficiencia t?cnica y parece conveniente haberlo hecho. Pero ?ser?, igualmente conveniente haber trasladado el manejo de los transportes p?blicos y de la construcci?n de carreteras a consejos semiaut?nomos del MOPT y la definici?n de si cabe o no la reelecci?n presidencial a la Sala Constitucional?

Buscamos que elites con conocimientos especializados tomen esas decisiones. Pero, ?adem?s de conocimientos especializados no tienen tambi?n esas elites intereses propios? ?Ser? eso democr?tico o estaremos con ello debilitando nuestra democracia liberal? ?Querr?n los pueblos preservar la democracia liberal si les impone criterios contrarios al sentimiento de la mayor?a?

Parece evidente que trat?ndose de nuestros valores tradicionales cambiarlos debe ser el resultado de convencer a la mayor?a y no de la imposici?n de un grupo, aunque todo grupo debe tener el derecho de tratar de cambiar la opini?n mayoritaria. Si eso es as?, no es democr?tico transferir la competencia sobre los temas de familia a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Necesitamos que la democracia sea liberal, y tambi?n requerimos que el liberalismo sea democr?tico. No es f?cil. En mucho ello depende de la confianza de la mayor?a en el conocimiento y la honradez de las elites. Tambi?n depende de la conciencia que tengan las elites sobre los derechos de la mayor?a y del respeto de los t?cnicos a los intereses del pueblo. Solo se logra gradualmente, mediante un cuidadoso proceso de prueba y error en el dise?o institucional que es posible en una cultura democr?tica y liberal.

El equilibrio entre el poder de la mayor?a y el de las elites especializadas es indispensable para el buen funcionamiento de la democracia liberal, y es dif?cil de construir y de mantener.

Miguel Angel Rodr?guez

Ex Presidente de la Rep?blica

Fecha de publicaci?n: 26-Febrero-2018

Fuente: larepublica.net


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