Por MIGUEL ?NGEL RODR?GUEZ / 29 AGO 2015, 11:59 PM

La dictadura de la calle o la democracia de los acuerdos... Suena como una alternativa entre extremos, pero muy probablemente a ella nos enfrentemos. Por eso es tan grande la responsabilidad del se?or Presidente, quien la busc? y gan? con una mayor?a contundente. ?l es el conductor elegido para liderar las soluciones que hoy nuestros problemas exigen.

Es clara la magnitud de los riesgos que enfrentamos. Y tambi?n es claro que no son fruto solo de los ?ltimos 15 meses de gobierno. Pero eso en nada alivia ni la urgencia ni la responsabilidad de enfrentarlos adecuada y urgentemente.

Si dejamos continuar la tendencia fiscal de los ?ltimos siete a?os, el peso de la deuda p?blica ?que crece aceleradamente respecto a un PIB que aumenta con lentitud? casi que inexorablemente nos conducir? a una gran crisis financiera y de producci?n. Ya el desempleo est? en m?ximos hist?ricos. Ya llevamos 21 a?os sin que la pobreza se reduzca. Y somos uno de los pocos pa?ses de Am?rica Latina en los que la desigualdad aumenta. As? que esa crisis nos encontrar?a d?biles, hundir?a numerosas familias en la miseria y crear?a condiciones sociales, econ?micas ?tal vez incluso pol?ticas? que producir?an gran sufrimiento humano y que tomar?a muchos a?os resolver.

La magnitud del problema obliga a enfrentarlo con todos los instrumentos disponibles. Esto nos compete a todos, pero especialmente al Se?or Presidente y a la Asamblea Legislativa.

El Ministerio de Hacienda ha se?alado que el ajuste fiscal requerido es de un 3,75% del PIB, del cual 1,5% debe provenir de los gastos y 2,25% de impuestos.

Sabe el se?or Presidente que si no se reducen de manera sostenible los exagerados gastos, privilegios y prebendas del sector p?blico, no se van a aprobar los impuestos. Tambi?n se sabe que las reformas deben preservar el gasto que promueva el crecimiento y evitar los impuestos que m?s lo obstaculicen, pues un buen crecimiento favorece el empleo y la reducci?n de la pobreza, y adem?s genera m?s ingresos al gobierno.

Est? en manos del Presidente presentar un presupuesto restrictivo del gasto, ajustado a la realidad nacional, y que tome medidas similares respecto a los entes descentralizados. Para ello bastan unas pocas medidas: 1) que responsabilice a sus ministros, y estos al personal a su cargo, de que las anualidades por m?ritos solo se den a empleados que de verdad los merezcan (?25 o 35%? de los trabajadores) y no a quienes simplemente cumplan sus obligaciones (y muchas veces ni eso), y de que la dedicaci?n exclusiva solo se otorgue cuando el puesto, por sus muy especiales caracter?sticas, lo requiera; 2) que haga responsables a los ministros de no presupuestar y no ejecutar gastos que puedan ser pospuestos o eliminados sin afectar la esencia del servicio prestado; 3) reducir el gasto total en relaci?n al PIB en 0,6 puntos, y que el gasto corriente no crezca en t?rminos nominales (cualquier margen de aumento solo se aplicar? a inversi?n); y 4) emitir una directriz a los entes aut?nomos para que act?en de igual manera en sus presupuestos y gastos.

En el ?nterin, los diputados de oposici?n, por acuerdo con el Presidente, aprueban las leyes para mejorar la recaudaci?n tributaria y combatir el contrabando y la evasi?n fiscal y leyes para poner tope a las pensiones con cargo al presupuesto, limitar su crecimiento anual y aumentar los impuestos progresivos a las m?s elevadas.

Con estas medidas tendr?n toda la fuerza, el Gobierno y la oposici?n, para resistir la presi?n callejera ejercida por los interesados directos en el gasto y para aprobar gradualmente y pari passu en la Asamblea Legislativa: 1) las modificaciones a los impuestos que den el resto del aporte necesario para evitar el caos y alcanzar el bienestar; 2) leyes que, para impedir que se vuelva a generar el desequilibrio actual, regulen los pluses en el empleo p?blico, hagan las modificaciones con ese fin al Servicio Civil y a las reglas de personal de los entes descentralizados, y aseguren que se cumpla la disposici?n constitucional de no financiar con endeudamiento el gasto corriente; 3) reglas fiscales que garanticen que la actividad fiscal sea antic?clica para limitar el crecimiento del gasto y los d?ficit en los per?odos de alto crecimiento econ?mico, y ahorrar para permitir su incremento durante a?os de bajo aumento del PIB, claro, en gasto no recurrente (en el pasado, las llam? garant?as econ?micas); y, 4) cambios para una mejor gobernabilidad fiscal que se cumpla: relaci?n planificaci?n, presupuesto por metas y verificaci?n para lograr una presupuestaci?n basada en desempe?o; presupuestos de inversi?n plurianuales; control legislativo de las normas y montos globales del gasto gubernamental incluyendo entes aut?nomos y eliminar las fijaciones legales de gastos.

As?, se logra un ajuste equilibrado de las finanzas p?blicas afectando gastos e ingresos, se controlan disparadores del gasto y se dan garant?as de que el d?ficit fiscal no ser? recurrente.

El miedo es el principal enemigo de alcanzar y ejecutar un acuerdo similar al descrito, u otro que logre los mismos fines de eficiencia del gasto, ajuste fiscal, promoci?n del crecimiento y garant?as de no volver a padecer los mismos males. El miedo a las manifestaciones callejeras de quienes solo defienden sus exclusivos e inmediatos intereses. El miedo al costo inmediato y los inconvenientes que as? se provocan.

Sin embargo, con dictadura en las calles no se puede llegar a acuerdos. Yo s? bien que con manifestaciones manipuladas con la mentira, no se puede esclarecer la verdad. La griter?a y las pancartas no producen negociaciones ni acuerdos. Si solo gritamos, no podemos o?r. Si no se puede o?r, no se puede negociar ni acordar nada.

En cambio, el ejercicio democr?tico de una negociaci?n liderada por el se?or Presidente, entre el Gobierno junto con su partido y los partidos de oposici?n, si puede producir las soluciones que conjuren los peligros, eviten el caos y nos enrumben a la prosperidad.


Fuente: El Financiero


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