ALTERNATIVAS

Miguel ?ngel Rodr?guez E.

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

Las personas somos tan distintas que la igualdad es imposible a menos de que se quiera imponer el m?nimo com?n denominador.

Si todos debemos ser iguales al cantar, y no se me puede dar a m? la capacidad auditiva, la sensibilidad para distinguir las melod?as y las facilidades vocales para que yo est? al nivel de Pavarotti (o al menos de alg?n mediocre cantante de serenatas), no queda otra alternativa que degradar las posibilidades de entonar melod?as de casi todos los seres humanos.

La igualdad al nivel de quien en cada aspecto tenga menor capacidad ser?a en detrimento de todos. Con que no canten quienes lo hacen bien no aumentar?a mi capacidad para cantar, ni mucho perder?amos todos los que no podr?amos escucharlos.

La igualdad de resultados disminuir?a la creatividad, el avance en la capacidad de satisfacer necesidades, y se perjudicar?an quienes m?s necesitan que mejoren sus condiciones.

Pero, adem?s, promover esa igualdad provoca la envidia, aunque sea involuntaria esa consecuencia. La provoca porque resalta la injusticia de las desigualdades. ?Por qu? no he de ser yo poseedor de una buena voz y un fino o?do para entonar bellas melod?as? ?Qu? malo no ser yo quien alegra las fiestas con mis bellas canciones! ?Qu? repulsivo me es quien s? lo puede hacer y me evita a m? gozar de su popularidad! ?Mejor ser?a que ese buen cantante no estuviese en esta velada!

Pocos vicios hay m?s negativos que la envidia. Es perjudicial para quien la ejercita y para quienes sufren sus resultados.

Si yo soy envidioso vivo sufriendo los ?xitos ajenos, y ni siquiera aprovecho mis posibilidades, por lo que con frecuencia desperdicio las oportunidades que se me ofrecen. Se fortalece mi egocentrismo.

La convicci?n de que es ?injusto? que otra persona ostente habilidades mayores a las m?as me llena de resentimiento. El bienestar o los ?xitos ajenos me resultan inaceptables, y a menudo obnubilo mi capacidad de an?lisis y doy campo a que brote la violencia.

Si yo sufro la envidia de otros, estoy expuesto a mil innecesarias dificultades, incluso a la violencia del enojado envidioso. El envidioso, en vez de luchar por alcanzar sus deseos, trata de destruir a quienes tienen los ?xitos que ?l no ha logrado. Por eso la vida social misma se perturba cuando la envidia se generaliza.

Muy distinto es tener como meta social que se multipliquen las oportunidades. Mientras perseguir la igualdad de resultados obliga a bajar las aspiraciones al nivel de la persona con menores aptitudes para esa tarea, incrementar las oportunidades permite a todos tratar de triunfar en todas las actividades legales.

Los fuertes movimientos populistas que se han dado en pa?ses desarrollados y en v?as de crecimiento en mucho expresan la envidia y el resentimiento por la desigualdad que se ha generado. El aumento de la desigualdad se ha dado en buena medida porque se han ofrecido mejores oportunidades a personas con mayores habilidades, m?s j?venes, que viven en ?reas urbanas.

La soluci?n no puede estar en disminuir las buenas oportunidades para quienes las disfrutan, sino en responder a las circunstancias que hacen que los dem?s no las puedan usufructuar: una educaci?n que genere las habilidades demandadas por los mercados laborales; capacitaci?n eficiente para las personas que trabajan en industrias en decrecimiento; infraestructura para mejorar la integraci?n geogr?fica. As? se podr? generalizar la participaci?n en los frutos del comercio internacional y del avance tecnol?gico.

Es una tarea dif?cil, y a?n m?s para los pa?ses que llevan la punta en tecnolog?a y apertura comercial. Nosotros, con nuestra peque?ez y grado de desarrollo, podemos aprender mucho de las pautas de desarrollo seguidas por ellos.

Miguel Angel Rodr?guez

Ex Presidente de la Rep?blica

Fecha de publicaci?n: 28-Agosto-2017

Fuente: diarioextra.com


Para copiar un artículo de este sitio a un archivo de Word, primero copie y pegue el título, y luego el cuerpo del artículo, con el fin de que conserven los formatos y márgenes adecuados.