ALTERNATIVAS

Miguel ?ngel Rodr?guez E.

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

La discusi?n sobre el lento crecimiento de las econom?as desarrolladas ha sido intensa en los ?ltimos a?os. En su edici?n del 19 de julio de 2014, The Economist caracteriza esta realidad en su portada que muestra una tortuga conducida por un exasperado jockey que f?tilmente la fustiga.

Los datos nadie los discute. Despu?s de la Gran Recesi?n el crecimiento de las econom?as desarrolladas ha sido muy lento comparado con las 8 d?cadas anteriores.

Lo que se cuestiona es si se trata de un fen?meno transitorio de corto o mediano plazo, o si es un cambio en la capacidad de crecer de largo plazo.

En todo caso, lo que estamos viviendo es la realidad de ese lento crecimiento que se da porque crece menos la poblaci?n econ?micamente activa de esos pa?ses y su acumulaci?n de personas educadas, y porque tambi?n disminuye la productividad de esa poblaci?n.

Un menor crecimiento de las econom?as m?s ricas, aunado a la ca?da en el crecimiento tan acelerado en el pasado de China, tiene sin duda un impacto negativo en una econom?a tan peque?a como la nuestra y, por consiguiente, tan necesitada del comercio exterior. Adem?s, nuestras exportaciones tienen como principal destino a esos pa?ses ricos (tres cuartas partes en 2015).

A pesar de que durante la mayor parte del per?odo posterior a la Segunda Guerra Mundial nuestro PIB per capita ha disminuido su diferencia porcentual con el de los EE.UU., esto ha sucedido por el incremento de la poblaci?n econ?micamente activa y por aumento del capital. Nuestra productividad total si bien ha aumentado, lo ha hecho a un ritmo menor al experimentado por los EEUU.

Ello es malo para el bienestar de ayer y del presente, el cual habr?a sido mayor si la productividad hubiese crecido m?s. Pero parad?jicamente es bueno ahora, si lo sabemos aprovechar.

Existen muchas ?reas para incrementar nuestra productividad. No somos, salvo en muy pocos casos, un pa?s productor de bienes que est?n en la frontera tecnol?gica, de bienes que se produce con las tecnolog?as de punta.

Eso nos abre camino para innovar con conocimientos que ya se dan en otras latitudes y que debemos adaptar. Haci?ndolo podremos incrementar la productividad y as? aumentar?a la tasa de crecimiento de la producci?n.

Dependemos de nosotros mismos. Debemos hacer de la innovaci?n, la productividad y la competitividad los fundamentos de nuestro modelo de desarrollo. Ah? radica la estrategia para disminuir el alto desempleo y la estancada pobreza.

Dif?cilmente lo lograremos si seguimos haciendo lo mismo.

Necesitamos resolver el d?ficit fiscal sin afectar nuestra generaci?n de ahorro y de inversi?n. Debemos, adem?s, mejorar los procedimientos administrativos para poder acelerar la ejecuci?n de obra p?blica, para lo cual s? podremos endeudarnos (no para gastos de consumo) y utilizar con ese fin inversi?n privada por medio de concesiones o fideicomisos (si hay capacidad para dise?arlos y administrarlos). Debemos tambi?n incrementar la eficiencia en los servicios p?blicos y reducir con energ?a la tramitolog?a y los entrabamientos burocr?ticos. Y, sobre todo, deberemos atender con mayor calidad la educaci?n de nuestros j?venes, aumentar fuertemente la proporci?n de bachilleres y ofrecer carreras cortas de educaci?n practica en tecnolog?as, ciencias e idiomas a los j?venes y a los desempleados.

Nuestro futuro depende de nosotros mismos.


Fecha de publicaci?n: 3-Oct-2016

Fuente: diarioextra.com


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