Disyuntivas

Hace unos d?as unos amigos turistas, despu?s de maravillarse con el Museo del Jade, el Museo del Oro y la fachada imponente de nuestro querido Teatro Nacional, hicieron su recorrido con un gu?a tur?stico de la instituci?n.
Esa noche no pod?an dejar de expresarme su dolor y su extra?eza. Su experiencia, en el interior de una joya de tanta belleza y valor art?stico como nuestro Teatro Nacional, hab?a sido escuchar la expresi?n de resentimiento social de un gu?a, que se dedic? a exponer las durezas de los ?problemas clasiales? que hab?an imperado en la construcci?n, inauguraci?n y manejo del Teatro Nacional.
Al cabo de un rato de recorrido mis amigos no hab?an o?do sobre la construcci?n (salvo que los arquitectos hab?an sido costarricenses), ni sobre esculturas y pinturas, ni sobre el significado de levantar semejante monumento en una ciudad de 25 mil habitantes, ni que seg?n los c?lculos de do?a Astrid Fischel su construcci?n hab?a costado m?s de la mitad del valor de las exportaciones anuales del pa?s.
Tampoco hab?an o?do que la idea de construirlo hab?a surgido de exportadores de caf? que propusieron al gobierno un impuesto sobre esos env?os al exterior, cuyo destino fuese su construcci?n. Claro que luego el importe de este impuesto no fue suficiente para tan monumental construcci?n.
Lo que hab?an o?do era la explotaci?n de ?problemas clasiales? en la utilizaci?n de nuestra joya nacional. Esa joya, que hace casi 100 a?os, don Jacinto Benavente us? para describir San Jos? como una aldea alrededor de un teatro.
Uno de los turistas al o?r esa palabra ?clasial?, inexistente en espa?ol, entendi? glacial. No pod?a comprender qu? ten?a que ver la construcci?n del Teatro, inaugurado en octubre de 1897 en una zona tropical, con los fr?os polares o ?pocas fr?as tan remotas.
Se les cont? c?mo cada piso estaba destinado a una clase social diferente; que las sillas se hab?an vendido solamente a ?personas de la alta sociedad? (?ser?an los abonos a una temporada que hoy ac? como en todo el mundo se usa para los conciertos de la sinf?nica?); y que no se permit?a el ingreso al primer y segundo piso a quienes no eran socialmente aceptables.
Claro que abandonaron la visita sin terminarla.
?Qu? falta de conocimiento y exceso de resentimiento social! Entonces como hoy la mayor?a de las funciones contemplaban la venta de entradas a la galer?a del tercer piso, a precios m?dicos, asequibles para costarricenses menos adinerados.
La compa??a que vino para la inauguraci?n con 108 artistas y personal de Francia, y que a los pocos meses estaba quebrada, baj? los precios y habr?a recibido a cualquiera que pagara su entrada. Al final el Gobierno tuvo que correr con los gastos para repatriarlos.
Evidentemente como en cualquier sociedad de 1900 e incluso en las actuales, las presentaciones de ?peras, ballet y conciertos sinf?nicos tienen una concurrencia limitada, y en todos los lugares la galer?a es donde se dan cita las personas amantes de esas artes con limitados recursos. Recuerdo que cuando como estudiante en Berkeley pude en un par de ocasiones concurrir con Lorena a una ?pera en San Francisco, los operadores de los ascensores nos dec?an ?cuando nos encamin?bamos a los pisos superiores: "Ahora a su lugar fan?ticos pobres de la ?pera".
Pero esto no es por una discriminaci?n clasista (que no ?clasial?) sino por las realidades econ?micas de la vida.
?Qu? pena que se aburra a los turistas con esa pr?dica revanchista, en vez de resaltar las maravillas de una sociedad que ?de ser la m?s pobre provincia de la Capitan?a General de Guatemala al tiempo de la Independencia? a fines del siglo XIX era una de las naciones latinoamericanas con mejores resultados en salud y educaci?n! Capaz de construir nuestro Teatro Nacional.
Qu? f?cil obtener buena y ver?dica informaci?n de los libros de do?a Astrid Fischel sobre el Teatro Nacional.
Miguel Angel Rodr?guez