De los incentivos para exportar a la eficiencia de la producción

Costa Rica fue exitosa en cambiar su modelo económico intervencionista de sustitución de importaciones, después de la crisis de la deuda externa de América Latina de inicios de los ochenta y hasta el inicio del ciclo de alto crecimiento de este siglo. De 1982 al 2002, el PIB per cápita creció anualmente en América Latina y el Caribe en un 0,55%  mientras en nuestro país el ritmo fue del 2% -casi cuatro veces mayor-, según cifras del Banco Mundial. Lo hicimos incentivando las exportaciones. Pero el éxito aumentó el costo de los incentivos, que ya no son sostenibles, y ahora debemos emigrar a un crecimiento de la producción basado en eficiencia y competitividad.

Dicho éxito se logró con un radical cambio de la estructura productiva, donde las exportaciones alcanzaron un gran dinamismo en crecimiento y se diversificaron, la inversión directa extranjera se incrementó radicalmente, y la estructura tuvo un fuerte aumento de los sectores industrial y de servicios para exportación afuera de Centro América. Esta enorme trasformación de nuestra economía fue posible gracias a  las fuertes ventajas competitivas de nuestra nación, originadas desde la era de la independencia en una educación pública de avanzada para su época, en instituciones democráticas operantes y legitimadoras de los gobiernos, en un sistema judicial confiable para protección de la libertad y la propiedad, en un ambiente laboral pacífico con seguridad social extensa, y baja criminalidad.

En el contexto de esas instituciones, desarrolladas a lo largo de nuestra historia como nación y asentadas en las condiciones sociales y la idiosincrasia de nuestro pueblo, un cambio en las políticas económicas produjo fecundos resultados.

Las principales políticas establecidas de 1982 al 2002 incluyeron un  tipo de cambio realista, la apertura al comercio internacional,  déficits fiscales controlados,  menor intervencionismo estatal y mercados más libres y  un sistema financiero más eficiente  con tasas de interés menos manipuladas. Esto  se dio a la par de mecanismos de promoción de las exportaciones que permitieron – con recursos donados internacionalmente –  estudiar y atraer nuevas alternativas de inversión y exportación, agrícolas y de maquila primero, luego de ensamble sencillo, y posteriormente con creciente tecnología y producción de servicios.  Además de los estudios y la promoción por persuasión, también se dieron incentivos directos a las exportaciones con los CATs y para el turismo, y luego con las Zonas Francas y sus exenciones impositivas y otras ventajas para la atracción de la inversión extranjera.

Pero esos incentivos tienen un costo sobre el resto de la economía, sea por generar gastos al fisco o disminuirle ingresos, por hacer recaer esos costos sobre otros sectores productivos, o por producir sesgos en la inversión e impedir la prestación de servicios y bienes  públicos a otros agentes económicos. Por ello algunos nos opusimos a principios de la década de los ochenta al establecimiento de incentivos a la exportación y proponíamos más bien una política económica neutra que ni promoviese las exportaciones ni el mercado interno, la cual habría ocasionado costos menores. Pero, claro, era muy difícil pasar de un sistema de gran protección a la producción para el  mercado local a una política de neutralidad, cuando los empresarios estaban acostumbrados a usufructuar del favor del gobierno. El problema es que con el crecimiento de los sectores incentivados aumenta el costo de los incentivos y eso nos obliga a encontrar otra ruta para un crecimiento acelerado. 

Como  señalé  fue muy grande el éxito de  Costa Rica al evolucionar entre 1982 y el 2002 de una política de protección al mercado industrial interno a una de promoción de las exportaciones. Claro que ese cambio de políticas implicaba un costo, y fue uno mayor al que habría tenido una política neutra entre mercado interno y externo, pero probablemente ese mayor costo era inevitable para formar una coalición de intereses que apoyara los cambios. El problema es que ese costo mayor ya no es soportable como vía para el crecimiento cuando el sector incentivado se hace grande, y debemos movernos ahora hacia un modelo de eficiencia y competitividad de la producción como motor para el crecimiento acelerado.


Cuando se inició el cambio a este modelo de incentivos a las exportaciones su costo era pequeño, pues la magnitud del sector que los aprovechaba así era también: pequeño. Pero conforme el modelo tuvo éxito y el sector beneficiado se hizo mayor, esos costos también crecieron. Así ya en 1997 las exportaciones originadas en Zonas Francas eran un 21,2%  del total y en 2002 habían crecido a ser más de la mitad de todas, un 50,6%.


En la administración 1998-2002 tratamos de resolver este problema abriendo monopolios públicos, vendiendo activos estatales, impulsando las concesiones y disminuyendo la ahogante “tramitología” en que vivimos. Se quería disminuir así la deuda pública y su costo de intereses,  gozar de mayores ingresos fiscales, bajar costos de operación de las empresas mediante acceso a infraestructura y servicios públicos mejores y fortalecer la política de promoción de la competencia. Ello habría permitido realizar desde hace 12 años las inversiones para modernizar la infraestructura, mejorar la educación pública, la seguridad y  los servicios sociales y  regulatorios del estado y de esa manera aumentar nuestra competitividad que ha estado muy estancada.


Pero ese camino no se pudo seguir en su integridad  por el rechazo a la apertura de los monopolios estatales y a la venta de activos. Propusimos entonces la reforma fiscal elaborada por los Ex Ministros de Hacienda, y desde entonces no ha sido posible aprobar esa u otras propuestas. No podemos seguir subsidiando el crecimiento por exportaciones. Pero, ¿hemos dado los pasos para aumentar nuestra productividad y cambiar los subsidios por mayor eficiencia? La respuesta que nos dan los índices internacionales es que no. Mientras de 1982 al 2002 crecimos casi cuatro veces más rápido que América Latina y el Caribe (2% frente a 0, 55%), del 2002 al 2008 la tasa de crecimiento del PIB per cápita de Costa Rica aunque todavía más elevada que la de ALC ya no lo era por tanto como en los 20 años anteriores (4,2% CR y 3,6% ALC) y de 2008 a 2010  crecimos mucho menos que ALC (0,6% contra 2,4%).

 

Ante estas circunstancias es necesario estudiar adonde nos hallamos en diversas áreas de la vida nacional para realizar el cambio necesario desde los incentivos a la exportación -cuyo pesado costo sobre la economía ya no puede seguir aumentando-  hacia un modelo de mayor eficiencia y competitividad en la producción como nuevo motor del crecimiento y la justicia social. Esto es imperativo, porque el país no puede seguir postergando esta evolución so pena de enfrentar graves costos económicos y sociales.


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