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Categoría: Alternativas
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ALTERNATIVAS

Miguel ?ngel Rodr?guez E.

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

Una publicaci?n reciente me oblig? a plantearme por en?sima vez: ?Qu? hacer cuando una persona en la calle me pide limosna?

Este es un problema real porque en nuestras calles encontramos muchas personas que nos solicitan una peque?a ayuda.

Con frecuencia he o?do que se debe seguir de largo frente a quien nos pide limosna. Se justifica tal actitud con diversos argumentos.

Unos se?alan que es mejor contribuir con actividades organizadas del Estado, de la Iglesia, o de otras formas de voluntariado, pues estas instituciones dirigen mejor sus recursos hacia personas que de verdad los necesitan y los van a emplear bien.

Otros nos dicen que es preferible concentrar las ayudas que demos en personas a las que conozcamos y para quienes el monto de la contribuci?n signifique un verdadero apoyo para enfrentar sus carencias.

Tambi?n se argumenta que no sabemos si las necesidades de quien nos solicita la ayuda son reales o inventadas y peor a?n, que el dinero ser? empleado para comprar alcohol o drogas.

Incluso se dan casos en los cuales quien mendiga es una persona esclavizada por una red delictiva que la explota, y que se nutre de la trata de personas.

Frente a estas posiciones se levanta la realidad de una persona digna, creada a imagen de Dios, que nos muestra sus carencias y nos pide ayuda. ?Podemos simplemente pasar de largo como el sacerdote y como el levita que encontraron al hombre asaltado y herido al borde del camino a Jeric??

De mis padres aprend? y trato de practicar el no seguir de largo.

Tuve la suerte de ser educado por una familia con valores cristianos. Aunque no viv? carencias importantes, mis padres tuvieron recursos limitados, por ejemplo, nunca poseyeron un autom?vil. Pero los martes en mi casa se destinaba una cantidad de dinero para atender a las personas que llegaban a pedir una limosna. Desde muy ni?o me acostumbr? mi mam? a abrir la puerta, saludar con respeto a quien llegara, ir al tocador de ella a recoger unas monedas de las que estaban destinadas a ese fin, y llev?rselas con cari?o a la persona que las solicitaba.

?Que no conozco las necesidades de ese pr?jimo que est? frente a m? y que mi ayuda puede servir para un vicio?

San Juan Vianney, el Cura de Ars, me dio una estupenda respuesta: ??Que haga lo que quiera con el dinero! Los pobres ser?n juzgados por el uso que dan a las limosnas que reciben. T? ser?s juzgado por las limosnas que pudiste dar y no diste".

Pero claro, no se trata de tirar una moneda para salir del paso. Se trata de dar reconociendo el valor y la dignidad de quien pide, y dando afecto a la par de nuestra ayuda. El papa Francisco nos dice: ?Es importante el gesto, ayudar a los que piden mir?ndoles a los ojos y tocando sus manos. Echar el dinero y no mirarlos en los ojos no es un gesto cristiano?.

Tampoco se trata de descargar la conciencia con la ocasional limosna al mendigo que encontramos en el camino. Dar con afecto unas monedas de vez en cuando no sustituye la obligaci?n de contribuir como ciudadanos y como cristianos con las personas cercanas que requieren de nuestra ayuda. Con ellas debemos compartir nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestro conocimiento.

Es evidente que la d?diva al indigente no puede sustituir las acciones organizadas del gobierno y del voluntariado para atender las causas de la indigencia. Ni sustituye nuestra obligaci?n moral de contribuir solidariamente con esas acciones. Pero a m? me resulta claro que la indiferencia ante quien exhibe sus miserias en la calle hace a?n m?s dura la realidad del mendigo.

En cuanto al crimen de explotar a personas en redes de mendicidad lo que cabe es la acci?n represiva del Estado, investigando y castigando penalmente a los delincuentes. La posible existencia de este tipo de organizaciones criminales no justifica darle la espalda a quien me pide la ayuda de unos colones. Es claro que la acci?n del Estado frente a estos delitos debe ser dr?stica, como lo debe ser frente a todo tipo de trata de personas. En especial las autoridades y el Patronato Nacional de la Infancia deben proteger a los ni?os de ser explotados de esta manera. Pero no se puede eliminar estas acciones delictivas dejando de dar limosna, como hace algunos a?os lo determin? Noruega cuando renunci? a una iniciativa del gobierno de prohibir la mendicidad.

Mi conclusi?n volvi? a ser que no debo dejar de ayudar con mi saludo afectuoso y con algunos colones a la persona que me pide limosna.

Miguel Angel Rodr?guez

Ex Presidente de la Rep?blica

Fecha de publicaci?n: 9-Julio-2018

Fuente: diarioextra.com