ALTERNATIVAS

Miguel ?ngel Rodr?guez E.

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

Ya es lugar com?n: la ca?da del muro de Berl?n no signific? el imperio de la libertad, los derechos humanos, el Estado de derecho y los mercados eficientes. La destrucci?n del socialismo real de la URSS no dio origen a un orden democr?tico liberal generalizado en el mundo occidental. Pero el mundo si ha experimentado muy importante progreso. Hay hoy m?s democracia, menos pobreza, mayor expectativa de vida y un mayor nivel de educaci?n en la Tierra que hace 27 a?os.

El comunismo cay?. Pero no reina tranquila la democracia liberal.

Con la ca?da del muro, algunos ingenuamente cre?mos que los partidos pol?ticos compartir?an los valores fundamentales de la democracia liberal, y se diferenciaran por los aspectos t?cnicos de sus propuestas para alcanzar los objetivos compartidos.

Pero no. En los ?ltimos a?os hemos visto surgir un nuevo enemigo que esos valores, y en especial del Estado de derecho, deben enfrentar: el populismo.

El populismo surge muchas veces solapadamente, disfrazado de democracia. Surge por la derecha y por la izquierda. Se maquilla con procesos electorales, y se alimenta de los resentimientos y la envidia que en muchos sectores sociales se engendran por la migraci?n, por la antipol?tica, por el desencanto democr?tico, por la desigualdad en el crecimiento econ?mico, por la p?rdida de empleo, por el miedo al futuro, por la corrupci?n.

No termin? la historia con el triunfo de la libertad. M?s bien la civilizaci?n del espect?culo en que vivimos -como la defini? Vargas Llosa- dio p?bulo al tiempo de la banalidad cultural. Esa banalidad, en un medio dominado por el relativismo, ha alimentado la post-verdad, los hechos alternativos, las paparruchas. Esta vivencia cultural es caldo para que reine el desprestigio de las ?lites y los t?cnicos, y la desconfianza en ellos.

Por la desconfianza en el conocimiento, en la verdad, en los hechos y en quienes los predican, se prefiere a una persona iluminada que est? contra el sistema, que desprecia las instituciones penosamente construidas a trav?s de nuestra historia, que viola el Estado de derecho y el debido proceso y condena a su arbitrio, y que se jacta de representar los verdaderos sentimientos del pueblo y de enfrentar a los otros dirigentes, a quienes denuesta, como los enemigos. Se pone fe ciega en un l?der mesi?nico que se comunica directamente con la muchedumbre, que busca mecanismos de democracia directa y que destruye la institucionalidad de la democracia representativa y el Estado de derecho.

De inicio, muchas veces, el derroche de los bienes p?blicos que efect?a el populismo significa una ganancia temporal para las familias m?s necesitadas. Esto fortalece al l?der populista. La persecuci?n a los inventados enemigos del pueblo rinde frutos de satisfacci?n a la envidia y al resentimiento. Pero a mediano plazo pasan la factura los costos de sus pol?ticas econ?micas y clientelistas y el socavamiento al Estado de derecho, se intensifica la corrupci?n masiva de los allegados, y se sufren entonces el desabastecimiento, la inseguridad, la p?rdida de libertades y la vulneraci?n de los derechos humanos.

?C?mo se deben reinventar los partidos pol?ticos democr?ticos y respetuosos del Estado de derecho y los derechos humanos para enfrentar la amenaza de la tentaci?n populista?

Creo que en primer lugar es necesario rescatar la defensa de libertad y la verdad. Es decir, se deben vertebrar las propuestas democr?tico-republicanas en la columna de los valores que le son esenciales, y en la institucionalidad base que ha permitido limitar el ejercicio del poder de los gobernantes, y encausarlo en favor del bien com?n. Los valores democr?tico-liberales deben ser defendidos y promovidos.

Pero claro que esa verticalidad en valores no es suficiente.

Se requiere, adem?s, que los partidos -respetando la columna vertebral axiol?gica y los compromisos b?sicos en cuento a instrumentos que les son propios- se abran a la sociedad para que las personas y sus organizaciones intermedias tengan amplia posibilidad para cooperar en la construcci?n de las respuestas tecnol?gicas. Deben ser partidos en permanente dialogo con las personas y sus organizaciones.

Este segundo elemento es indispensable, considero yo, para recuperar la confianza del electorado en el conocimiento y en los t?cnicos. Y no es suplantable por la elecci?n directa de los candidatos del partido, lo que a menudo solo propicia una mayor lucha interna por el poder personal.

En los partidos de mi predilecci?n la columna de valores democr?tico-liberales debe compatibilizarse con los valores de tolerancia y disposici?n a buscar acuerdos, y con los principios cristianos. Con esos principios y con una propuesta tecnocr?tica participativa, flexible, evolutiva e inclusiva que le de bases a la confianza, se deber? desarrollar en cada partido un discurso y un lenguaje que le permita volver a entusiasmar a los electores.

Para lograr esto ?ltimo, es indispensable que los l?deres del partido tengan verdadera vocaci?n de servicio, de manera que reflejen y sea cre?ble su compromiso con las necesidades de los ciudadanos que sus propuestas pretenden mejorar. Las personas son sensibles y, contra las pasiones de envidia y resentimiento, saben muchas veces distinguir la actuaci?n del verdadero compromiso de servicio a los dem?s.

Miguel Angel Rodr?guez

Ex Presidente de la Rep?blica

Fecha de publicaci?n: 6-Noviembre-2017

Fuente: diarioextra.com


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