ALTERNATIVAS
Miguel Ángel Rodríguez E.

En un Estado de derecho la administración pública requiere la aplicación de procedimientos y controles diferentes a los que se aplican a los entes privados.
Esas diferencias surgen de la necesidad de controlar al gobierno por dársele el monopolio de la coacción, y de que los recursos que se administran son públicos.
Por esas razones no se justifica catalogar a priori la burocracia como perjudicial o ineficiente, es simple y necesariamente diferente.
Pero la burocracia se puede degradar y dejar de cumplir con sus objetivos de servicio público. Una manera lamentable en que esto ocurre se da cuando se deshumanizan las prestaciones de las tareas gubernamentales. Se pierde la mira de que los órganos gubernamentales existen para brindar un servicio a las personas, y no son un fin en sí mismas.
En estos días se han dado dos ejemplos de estas circunstancias. El primero sencillo pero elocuente, el segundo increíblemente doloroso, y de consecuencias extremadamente graves.
Me tocó escuchar en un conocido y respetable programa radial el intercambio entre su directora, el funcionario de un ente regulador y una viceministra en relación con la posibilidad de establecer un nuevo mecanismo para la prestación de un servicio público.
Ambos funcionarios estaban de acuerdo en que debería facilitarse esa prestación, pero cada uno reclamaba que era el otro el que debería cambiar su forma de actuar. Solo la directora del medio señalaba las ventajas para el usuario y la necesidad de resolver la diferencia.
Tal parece, los funcionarios no se percataban de que su tarea no es defender celos institucionales ni posiciones personales sino brindar eficientemente sus servicios.
La jefa de Cardiología del Hospital México denunció que por falta de efectuarles cateterismos a pacientes de ese centro de salud, 141 personas fallecieron. Este caso, que está siendo investigado por autoridades médicas y penales, significaría de ser cierto, el caso más grave de deshumanización institucional que se pueda uno imaginar.
Mi pregunta es: ¿cómo pueden darse estos casos?, ¿cómo es posible que los funcionarios pierdan totalmente el concepto de su misión y la razón de su trabajo?, ¿cómo se puede llegar a despreciar la vida de las personas?
No creo que sea un acto consciente de maldad. La perversión del servicio se produce muy probablemente de manera gradual e inconsciente.
Se empieza por un empoderamiento del burócrata respecto a su puesto. Es mi posición, posesión y derecho. El fin de servicio se va diluyendo. El cargo existe para beneficio del funcionario, no para el bienestar del usuario. Y si los superiores jerárquicos albergan nociones similares, no se dan controles que permitan interrumpir la fijación de estas desviadas apreciaciones que se tornan en afincadas costumbres.
Por eso la evaluación externa de las prestaciones de los diferentes órganos y la medición de las prestaciones y de sus costos son indispensables en la administración pública, y en mayor medida cuando hay inmovilidad laboral.
Frente a las críticas por la calidad y costo de los servicios públicos, y a su deshumanización es tarea prioritaria de las autoridades poner en práctica el mandato del artículo 11 de la Constitución Política según fue reformado en el 2000. Urge contar con control de resultados y rendición de cuentas en todos los entes públicos. No se trata de aumentar el tamaño de la burocracia sino de reestructurarla.
Esta debería ser la tarea fundamental del Mideplan.
Fecha de publicación: 27-Abr-2015
Fuente: diarioextra.com