ALTERNATIVAS
Miguel Ángel Rodríguez E.

A fines de la semana pasada volví de Sincelejo, después de mi visita hace 39 años. De allí, con cuatro años de edad trajeron mis abuelos a mi papá a Costa Rica. Jamás podré agradecerles ese viaje. Una noche, cuando Manuel Emilio mi hermano y yo visitábamos a papá en sus últimos meses de vida, por efecto de una medicina revivió en su mente ese viaje. Así conocimos las peripecias de su traslado por varios días en una recua de mulas, hasta llegar a Cartagena para tomar el barco para Limón.
¡Cuánto ha cambiado Sincelejo desde la visita que, con mis padres, algunos hermanos y primos, habíamos realizado Lorena y yo hace ya tanto tiempo!
Disfrutamos ahora muchísimo este viaje, con muy queridos amigos costarricenses también de origen sincelejano, compartiendo con familiares. Y a la par del disfrute, la admiración.
Mis abuelos habían emigrado empujados por la Guerra de los Mil Días.
Y en estos años de nuevo la violencia había irrumpido, por muy largo periodo, en las tierras ganaderas de los hoy departamentos de Sucre, Bolívar y Atlántico.
Por largos años los habitantes de Sincelejo no habían podido transitar por las carreteras para viajar a Cartagena y Barranquilla, las más importantes ciudades costeras que están cerca. Las guerrillas con sus emboscadas y secuestros se los impedían.
Incluso el tránsito entre Barranquilla y Cartagena era muy riesgoso.
Hoy la paz impera en toda esa zona, incluyendo los Montes de María que separan a Sincelejo. Mucha gente emigró de nuevo ante la violencia, pero los valientes habitantes supieron seguir progresando. Las bandas tocan los alegres porros y la ciudad -ahora con unos 280 mil habitantes- muestra orgullosa su bulliciosa actividad en sus nuevos edificios, barrios, parques y avenidas.
Las distancias son grandes en esta vasta geografía. De Barranquilla a Cartagena hay 135 kilómetros, de Cartagena a Sincelejo 190 kilómetros. El departamento de Sucre, del cual es capital y ciudad principal Sincelejo, mide 10.700 kilómetros cuadrados, y junto con los de Bolívar y Atlántico su extensión es de unos 40 mil kilómetros cuadrados, un 80% de la extensión de nuestra querida Costa Rica.
Esas distancias son surcadas por magníficas carreteras de cuatro carriles. Grandes distancias son comunicadas por carreteras de peaje, y donde no hay calzadas de cuatro vías están en construcción las nuevas obras concesionadas que pronto estarán en servicio.
A pesar de la violencia y la guerra, Colombia ha tenido un extraordinario progreso desde mediados del siglo XX. Claro que en el mismo periodo nosotros hemos tenido un muy importante crecimiento y transformación.
Para enfrentar la guerrilla el ejército colombiano enlista 260 mil soldados y hay 179 mil policías. Mientras en Costa Rica hay 2,7 policías, en Colombia hay más de 9 uniformados por cada 1.000 habitantes. El gasto en su mantenimiento y operación significa un costo muy elevado para la población.
Con todo, desde la gran recesión de 2008-2009, el crecimiento del PIB de Colombia ha sido superior al de Costa Rica.
Al ver nuestros problemas de infraestructura no puedo dejar de preguntarme si no habremos desperdiciado una buena parte del dividendo que hemos tenido por no tener ejército y vivir en paz.
¡Cuánto ha cambiado Sincelejo desde la visita que, con mis padres, algunos hermanos y primos, habíamos realizado Lorena y yo hace ya tanto tiempo!
Disfrutamos ahora muchísimo este viaje, con muy queridos amigos costarricenses también de origen sincelejano, compartiendo con familiares. Y a la par del disfrute, la admiración.
Mis abuelos habían emigrado empujados por la Guerra de los Mil Días.
Y en estos años de nuevo la violencia había irrumpido, por muy largo periodo, en las tierras ganaderas de los hoy departamentos de Sucre, Bolívar y Atlántico.
Por largos años los habitantes de Sincelejo no habían podido transitar por las carreteras para viajar a Cartagena y Barranquilla, las más importantes ciudades costeras que están cerca. Las guerrillas con sus emboscadas y secuestros se los impedían.
Incluso el tránsito entre Barranquilla y Cartagena era muy riesgoso.
Hoy la paz impera en toda esa zona, incluyendo los Montes de María que separan a Sincelejo. Mucha gente emigró de nuevo ante la violencia, pero los valientes habitantes supieron seguir progresando. Las bandas tocan los alegres porros y la ciudad -ahora con unos 280 mil habitantes- muestra orgullosa su bulliciosa actividad en sus nuevos edificios, barrios, parques y avenidas.
Las distancias son grandes en esta vasta geografía. De Barranquilla a Cartagena hay 135 kilómetros, de Cartagena a Sincelejo 190 kilómetros. El departamento de Sucre, del cual es capital y ciudad principal Sincelejo, mide 10.700 kilómetros cuadrados, y junto con los de Bolívar y Atlántico su extensión es de unos 40 mil kilómetros cuadrados, un 80% de la extensión de nuestra querida Costa Rica.
Esas distancias son surcadas por magníficas carreteras de cuatro carriles. Grandes distancias son comunicadas por carreteras de peaje, y donde no hay calzadas de cuatro vías están en construcción las nuevas obras concesionadas que pronto estarán en servicio.
A pesar de la violencia y la guerra, Colombia ha tenido un extraordinario progreso desde mediados del siglo XX. Claro que en el mismo periodo nosotros hemos tenido un muy importante crecimiento y transformación.
Para enfrentar la guerrilla el ejército colombiano enlista 260 mil soldados y hay 179 mil policías. Mientras en Costa Rica hay 2,7 policías, en Colombia hay más de 9 uniformados por cada 1.000 habitantes. El gasto en su mantenimiento y operación significa un costo muy elevado para la población.
Con todo, desde la gran recesión de 2008-2009, el crecimiento del PIB de Colombia ha sido superior al de Costa Rica.
Al ver nuestros problemas de infraestructura no puedo dejar de preguntarme si no habremos desperdiciado una buena parte del dividendo que hemos tenido por no tener ejército y vivir en paz.