Imprimir
Categoría: Alternativas
Visto: 2708

ALTERNATIVAS

Miguel Ángel Rodríguez E.

Miguel Angel Rodriguez Echeverria

El Papa Francisco el pasado 26 de mayo -en el Museo del Holocausto- compartió con cada uno de nosotros un doloroso dialogo con Adán:
«"Adán, ¿dónde estás?" (cf. Gn 3,9). ¿Dónde estás, hombre? ¿Dónde te has metido? En este lugar, memorial de la Shoah, resuena esta pregunta de Dios: "Adán, ¿dónde estás?". Esta pregunta contiene todo el dolor del Padre que ha perdido a su hijo. El Padre conocía el riesgo de la libertad; sabía que el hijo podría perderse… pero quizás ni siquiera el Padre podía imaginar una caída como ésta, un abismo tan grande.»

 

Frente al horror del mal que somos capaces de cometer las criaturas del Bien, el Papa nos pide -a todos- reflexionar sobre nuestras debilidades.

 

Agrega el Papa: “Hombre…este abismo solo puede ser obra tuya, de tus manos, de tu corazón… ¿Quién te ha corrompido? ¿Quién te ha desfigurado? ¿Quién te ha contagiado la presunción de apropiarte del bien y del mal? ¿Quién te ha convencido de que eres dios? No sólo has torturado y asesinado a tus hermanos, sino que te los has ofrecido en sacrificio a ti mismo, porque te has erigido en dios... nosotros llevamos la deshonra en el rostro, la vergüenza.”

 

No, grita nuestra voz interior defendiendo nuestra autoestima y empujada por la soberbia. Son otros. Yo no soy asesino. Yo respeto la vida y no sería capaz del holocausto.

 

Pero, ¿vivo conforme al amor y al perdón? ¿Entiendo mi compromiso con las demás personas, con los débiles, con los pobres, con las niñas secuestradas en Nigeria? ¿Con mi vecino desorientado, con el pordiosero desfigurado por las drogas o el alcohol?

 

Cómo hijos de Dios somos todos hermanos ¿Entiendo los deberes de la fraternidad o como cuando “Yavé preguntó a Caín: «¿Dónde está tu hermano?»” ,respondemos: «No lo sé. ¿Soy acaso el guardián de mi hermano?»(Gn 4,9)

 

¡Cuánto nos cuesta ser humildes y vivir en la verdad de nuestra debilidad y pecado! ¡Cuán rápido enfurecemos ante la más inocente ofensa en contra nuestra, y con cuánto vigor atacamos la más insignificante fragilidad ajena!

 

Por eso nos dice el Papa Francisco que “de la tierra se levanta un tímido gemido: Ten piedad de nosotros, Señor. … Se nos ha venido encima un mal como jamás sucedió bajo el cielo (cf. Ba 2,2). Señor, escucha nuestra oración, escucha nuestra súplica, sálvanos por tu misericordia. Sálvanos de esta monstruosidad. Señor omnipotente, un alma afligida clama a ti. Escucha, Señor, ten piedad. Hemos pecado contra ti. Tú reinas por siempre (cf. Ba 3,1-2). Acuérdate de nosotros en tu misericordia. Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida. ¡Nunca más, Señor, nunca más!"

 


Fecha de publicación: 30-Jun-2014

Fuente: diarioextra.com