ALTERNATIVAS

Miguel Ángel Rodríguez E.

Miguel Angel Rodriguez Echeverria

La historia nos unió en el doloroso tráfico de esclavos africanos a las colonias europeas y nos enriqueció con el aporte vivificante de su sangre y cultura. Sin embargo países africanos y latinoamericanos hemos estado separados por la geografía y los absorbentes problemas propios. Solo Brasil ha tenido una política estratégica de relaciones internacionales y económicas tendiendo puentes sobre el Atlántico Sur, y Cuba, en el campo militar, sirvió los intereses hegemónicos de sus socios soviéticos en las luchas de la guerra fría.

Un proyecto de Johns Hopkins University y la Fundación FAES que preside el ex presidente José María Aznar me ha permitido participar en foros de la Iniciativa de la Cuenca Atlántica, y compartir con africanos ocupados en promover el desarrollo de sus países. En estos días lo pude hacer en Sudáfrica, en el semidesértico Kalahari, en la reserva que la familia Oppenheimer opera para preservar esa importante ecología africana.

 

Las relaciones en el Atlántico se han desarrollado principalmente al norte, con las convivencias de los Estados Unidos y Canadá con Europa en seguridad (la OTAN), comercio, política y cultura. Esta cuenca cuando incluye su parte sur es la zona con mayor comercio, fuentes de energía, e intercambios culturales. Claro es también una región con fuertes problemas de crimen internacional organizado en trata de drogas, personas y armas.

Con una diferencia de siglo y medio en relación a Latinoamérica, y en forma simultánea con el Caribe, los países africanos conquistaron su independencia con sangre y sacrificios. Al costo de las luchas por salir de la colonia se unieron los enfrentamientos armados por alcanzar o preservar el poder, las luchas entre tribus que la división europea del continente habían ubicado en una misma entidad política, y las arbitrariedades de los autócratas que se sirvieron del fin de los gobiernos coloniales para detentar en su propio beneficio las instituciones políticas extractivas que favorecían practicas económicas en favor de grupos de interés excluyentes.

Ahora los países africanos han venido construyendo instituciones democráticas tal como ocurrió en nuestro continente americano en los ochentas, y la demanda asiática por materias primas ha favorecido su rápido crecimiento económico, después de haber sido en la postguerra la zona del mundo con menor aumento -e incluso con disminuciones- de su PIB per cápita.

De esta manera enfrentamos africanos, caribeños y latinoamericanos retos comunes, aunque con diversidad en su severidad. Importantes porciones de nuestras poblaciones viven en la pobreza, la desigualdad económica de estas zonas es la mayor del mundo, las democracias son frágiles y su dificultad para producir resultados que satisfagan las demandas de la cotidianidad produce desencanto, la delincuencia organizada y la corrupción atentan contra la seguridad ciudadana.

En África los problemas de falta de empleos formales, educación, infraestructura y electricidad son mucho mayores a los nuestros. Pero en estas regiones la demanda es la misma: establecer instituciones políticas incluyentes que en sociedades democráticas permitan que funcionen políticas económicas conducentes al crecimiento compartido, con estados de derecho y gobiernos fuertes y eficientes que promuevan mercados libres y abiertos para incentivar la inversión y la innovación.


Fecha de publicación: 2-Dic-2013

 

Fuente: diarioextra.com


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